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sábado, 30 de octubre de 2010

Dinosaurios de Portugal

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En 1988 la cimentación de un almacén de aperos en la pequeña localidad de Andrés se vio interrumpida por el hallazgo de una seria de piedras negras que contrastaban con los tonos claros, amarillos, verdes y grises de la roca. “Son huesos”, debió pensar el dueño del terreno, José Amorin, porque notificó su hallazgo al Serviço Regional de Arqueologia da Zona Centro de Portugal. Con urgencia, un equipo del Museu Nacional de História Natural da Universidade de Lisboa (MNHN) realizó una primera excavación que permitió reconocer los restos fósiles de un gran dinosaurio carnívoro que vivió en el Jurásico Superior (hace unos 148-155 millones de años) en esta zona de Santiago de Litem (Pombal, Portugal).
Estos restos permanecieron en los fondos del Museo Nacional de Historia Natural de Lisboa durante mas de 10 años, hasta que, en 1999, un primer estudio genera la primera sorpresa: el animal encontrado en Andrés se identifica como Allosaurus fragilis, una de las especies de dinosaurios carnívoros más conocidas. Este cazador bípedo y robusto fue bautizado por Othniel Charles Marsh en 1877, y con seguridad, aún en el improbable caso de que no le suene el nombre, todos estamos familiarizados con este dinosaurio de cráneo grande en el que son evidentes dos prominencias, a modo de pequeños cuernos, situados por encima de los ojos. Tras el descubrimiento de los primeros ejemplares de Allosaurus en la segunda mitad del siglo XIX, se han recogido miles de restos en los célebres yacimientos norteamericanos de la Formación Morrison (Colorado, Montana, Wyoming, Dakota del Sur, Oklahoma, Nuevo México y Utah), pero jamás se había encontrado ningún ejemplar fuera del continente americano.
La noticia, publicada por investigadores portugueses, españoles y norteamericanos en la revista británica Journal of the Geological Society, dio la vuelta al mundo paleontológico. El ejemplar de Andrés adquirió relevancia en medios de comunicación, no en vano se trataba de la primera especie de dinosaurio que se reconocía en dos continentes distintos y, como ocurre con los ejemplares singulares, fue informalmente bautizado con el nombre de “Alice” (dando réplica a “Big Al”, un enorme y célebre alosaurio de más de ocho metros excavado en 1991 en Wyoming).
El hallazgo de Alice tenía, además, trascendencia científica, ya que su presencia en Portugal obligaba a reconsiderar algunos conceptos, probablemente bien asentados, tanto sobre la apertura del Atlántico norte como sobre la biología de los grandes dinosaurios carnívoros.
En la primera parte del Jurásico los territorios actuales de Europa y América del Norte están prácticamente en contacto y contienen faunas semejantes. A lo largo del Jurásico, y supuestamente antes de que se depositaran los restos de Alice, las costas de Europa y América del Norte han comenzado a separarse debido a un brazo de mar que avanza desde el sur hacia el norte. Las poblaciones de organismos a ambos lados del brazo de mar dejan de tener contacto y comienzan historias independientes que darán lugar a faunas americanas y europeas bien diferenciadas. Sin embargo, la presencia de Allosaurus fragilis en Andrés, de alguna forma contradice este supuesto y sólo puede explicarse si se cumple algunos de estos requisitos: o las costas de América del Norte y la Península Ibérica entrán en contacto en algún momento hace 148-155 millones de años (cuando se suponía que el Atlántico ya estaba abierto), o el brazo de mar existente entre ambas era, de alguna forma, salvable para un gran dinosaurio carnívoro, o Alice no es tan parecido a sus primos americanos como se pretende.
Para contrastar la hipótesis de que el Atlántico era (o no) transitable para algunos dinosaurios hace 148-155 millones de años y para conseguir más información sobre Alice fue necesario reabrir la excavación de Andrés a la búsqueda tanto de elementos a favor de la pertenencia de Alice a la especie Allosaurus fragilis como en contra.
El yacimiento de Andrés es pequeño y se sitúa detrás de la hilera de casas que lo separan de la única de la carretera que atraviesa la localidad. Si la reconstrucción de la estructura del yacimiento que facilitaba la información obtenida en la excavación de 1988 era buena, parte de Alice debía estar aún ahí.
Tras cuatro semanas de trabajo el objetivo se cumplió con creces en 2005. Alice seguía allí y se consiguió recoger y documentar mucho material perteneciente a este Allosaurus, entre el que se encontraba un conjunto de huesos craneales.
Pero Andrés aún guardaba otras sorpresas. El yacimiento resulto ser mucho más complejo de lo que se había previsto inicialmente. Para comenzar, Alice no estaba sola. Otros restos indicaban que, al menos, otro alosaurio de tamaño semejante está representado en el yacimiento. Por otra parte, el lecho del canal en el quedó depositada Alice facilitó abundante información sobre la composición de fauna y flora que habitaron el mismo ecosistema. Se recogieron muchos restos de plantas, icnofósiles de invertebrados, moluscos dulceacuícolas (gasterópodos y bivalvos), peces holósteos (probablemente cercanos al género Lepidotes), abundantes restos de pequeños anfibios, restos de cocodrilos de características modernas, dientes que se atribuyen a pterosaurios y una amplia diversidad de dinosaurios que incluye casi una decena de formas distintas de dinosaurios terópodos, saurópodos y ornitópodos.
Junto a estos, de nuevo la sorpresa, se han hallado abundantes restos de esfenodontos (entre ellos un cráneo completo y varias mandíbulas) que constituye el único registro de estos animales en la Península Ibérica. Los esfenodontos son un grupo de pequeños reptiles que está representado en la actualidad únicamente porSphenodon (el tuatara de Nueva Zelanda), pero que también acompañaban a los alosaurios en la Formación Morrison. Aún no sabemos de qué especie se trata, pero estamos en ello.
La diversidad representada en Andrés es más alta de la que es habitual en los yacimientos con grandes vertebrados en el Jurásico Superior de Portugal. De hecho, tras el yacimiento clásico de Guimarota, en Leiria, ningún otro ha facilitado una diversidad de organismos comparable, y, hasta el momento, ninguno nos ha proporcionado restos craneales de reptiles mesozoicos comparables a los de Andrés.
Desde 2005 se ha trabajado mucho sobre el material de Andrés y parte del trabajo ha sido ya publicado o está a punto de serlo, pero las características del yacimiento hacen que el proyecto de excavación en Andrés aún no se considere cerrado.

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