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jueves, 2 de septiembre de 2010

Los 4 tipos de dragones II

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Cuatro Tipos de Dragones II
Los dragones de la selva
Los dragones de la selva vivían en densas arboledas y bosques de bambú. Estas criaturas heredaron el enorme y sinuoso cuerpo de su predecesor marino. Gracias a ello, eran capaces de moverse con facilidad a lo largo de la vegetación de la selva. También conservaron la habilidad de nadar. Así, en el caso de una estación excesivamente calurosa o de un incendio forestal, siempre podrían refugiarse en los ríos.
Esta variedad de la selva disponía de unas pequeñas alas que no le permitían alzar plenamente el vuelo. Sin embargo, eran capaces de dar grandes saltos moldeando su cuerpo al estilo de un avión (forma que también pueden adoptar algunas “serpientes voladoras”). De hecho, se ayudaban de estas pequeñas alas para conseguir un empujón extra y reducir su peso gracias a las vejigas llenas de hidrógeno parecidas a las de los dragones prehistóricos.
En busca de comida, algunos descendientes de estos dragones de la selva se expandieron más allá de las arboledas, bosques y matorrales. Dieron lugar así al gran dragón que habitó lo que hoy en día es China y el suroeste de Asia. Otras especies aisladas vivieron en las islas del archipiélago japonés.
Los dragones de las montañas
El dragón de la montaña se conoce como tal porque en tiempos medievales habitaba mayoritariamente las montañas y otros lugares remotos. Sin embargo, su nombre  no es muy apropiado. Mucho antes del desarrollo de la agricultura y del incremento de la población humana, esta especie estaba mucho más extendida en tierras bajas, no se encontraba exclusivamente restringida a las montañas.
Como todos los dragones posteriores al cretácico, esta especie de la montaña poseía seis extremidades: un par de alas y dos pares de patas, resultado de una fortuita mutación acaecida después de la extinción del dragón prehistórico.
El cuerpo de esta variedad de dragón era relativamente pequeño, sobre todo si lo comparamos con el del dragón marino. Esta pequeña complexión era esencial para el vuelo. La cola era casi tan larga como su cuerpo y finalizaba en una afilada punta que utilizaba como arma defensiva. Un simple golpe proveniente de la cola de un dragón sería suficiente para romper el brazo de un hombre.

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