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domingo, 19 de septiembre de 2010

Dragones y mazmorras

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“Dragones y Mazmorras” es una producción de la CBS basada en eljuego de rol homónimo y una de las series más recordadas por los de mi quinta, aunque solo sea por su canción de cabecera y en plena fiebre etílica. En España se estrenó en 1985, emitiéndose los domingos por la mañana en TVE. Yo por entonces solo tenía dos años, así que supongo que vería alguna de sus reposiciones.







Argumento

La serie trata sobre un grupo de chavales que un buen día van al parque de atracciones con ganas de pasar el rato y, si acaso, echar la pota tras montar en la Máquina (o su variante local), e, inesperadamente, acaban viajando a un mundo fantástico al estilo de “El vuelo de los dragones”; algo así como aquella vez que iba de camino a la universidad y acabé en el bar de la esquina participando en un concurso de chupitos. Las palabras clave son “algo así”.
En el Reino de Dragones y Mazmorras, el camino de nuestros jóvenes héroes se cruza con el del Amo del Calabozo, que regala a cada uno de los chicos un objeto mágico y se ofrece a hacerles de guía mientras buscan el camino de regreso a casa.
La canción de Dulces, uno más de tantos grupos infantiles que, como Enrique y Ana, nacieron en la España de los ochenta para luego perecer en el olvido, lo explica perfectamente.

Personajes

Hank, el Arquero: A sus quince años, Hank es el mayor del grupo y el que más posibilidades tiene de protagonizar la próxima “High School Musical” o aparecer en un anuncio de Calvin Klein, por lo que asume el rol de líder de forma natural. No obstante, como cualquier otro personaje encasillado en el papel de héroe apolíneo, tiene tanta profundidad como una pantalla del“Magical Tree” y, por lo general, hace exactamente lo que la audiencia se espera de él.
Su arco dispara flechas de luz y es un claro ejemplo de deus ex machina, ya que tan pronto ilumina una sala oscura, como tiende un puente sobre el vacío, o le trae el último número de la “Playelf” del quiosco.
A nadie que yo conozca le gustaba Hank, quizá porque resulta imposible identificarse con el personaje perfecto. Incluso el Coche Fantástico tenía que repostar de vez en cuando.
Bobby, el Bárbaro: es el más joven del grupo y también el más impetuoso y echado pa’lante, lo que suele traer problemas a sus compañeros. En su favor diré que, a pesar de que la mayoría de críos que salen en películas o series me repatean el hígado, este es bastante soportable, sobre todo suministrado en pequeñas dosis.
El Amo del Calabozo, contrariando toda lógica e infringiendo probablemente más de una norma estatal, entrega a Bobby una maza cuyos golpes hacen temblar la tierra, muy útil para derrotar monstruos y desbaratar partidas de Twister. (Anoche, por cierto, soñé que jugaba una variante nudista del Twister con las animadoras de la NBA. Moríos de envidia.)
Según llega al Reino de Dragones y Mazmorras, Bobby adopta a una cría de unicornio como mascota. Uni, que así se llama la criatura, tiene el poder de teletransportarse una vez cada veinticuatro horas y, pese a sus insoportables balidos, es la mejor amiga de Bobby.
Presto, el Mago: Si hay un Urkel en cada grupo, en “Dragones y Mazmorras” ese es Presto. Bienintencionado pero desmañado, sus intervenciones en momentos de conflicto suelen servir más de alivio cómico que de ayuda. El chico, además, tiene la autoestima por los suelos y es bastante inseguro, por lo que se apoya constantemente en sus compañeros, especialmente en Eric, para tomar decisiones. Físicamente me recuerda a Neil Goldman, uno de los compañeros de clase de Meg en “Padre de familia”.
Pese a lo desdichado que he pintado al personaje (no querréis que me centre en detalles como que tiene buen corazón, ¿verdad?), su gorro mágico ya lo querría para sí David Copperfield, pues de él puede uno extraer cualquier cosa que desee, siempre y cuando ponga en ello toda su voluntad y actúe con determinación. Por desgracia, a Presto le faltan redaños, pero en esta vida no se puede tener todo. Yo, sin ir más lejos, todavía no he encontrado en DVD la novena entrega de “Viernes 13″.
Sheila, la Maga: Pelirroja y vestida de violeta, Sheila es a “Dragones y Mazmorras” lo que Daphne a “Scooby-Doo”: una mujer florero. La principal diferencia es que Sheila solo tiene trece años y Daphne, no sé, ¿dieciséis? No obstante, a los dibujantes parece olvidárseles de vez en cuando que solo es una cría, y la pobre Sheila no solo hace posados propios de la “Interviú”, sino que incluso padece repentinos aumentos de pecho. En cuanto a la relación con sus compañeros, Sheila es la hermana de Bobby, por quien vela constantemente, y, según la opinión mayoritaria, Hank y ella son pareja, aunque en ningún episodio llega a confirmarse que mantengan esa clase de relación (si nos fiásemos de las miraditas y otros gestos tiernos, también Diana y Hank estarían liados, y lo mismo cabría decir de Eric y Presto).
Su objeto mágico es la capa de la invisibilidad, lo cual es irónico porque su mayor miedo es estar sola y tampoco es que necesite utilizarla para entrar en el vestuario de las chicas.
Como nota curiosa, señalar que si bien su categoría en inglés es la de ladrona (thief), en España se la denominó sencillamente “maga” y en Latinoamérica, “ilusionista”. Se ve que la profesión de ladrón está muy mal vista, por mucho que Lupin y Kaito Kid hayan querido brindarle cierto encanto.
Eric, el Caballero: Este niño rico, rezongón y egoísta, forma con Presto el dúo cómico de la serie.
Pretencioso entre sus amigos y cobarde frente al enemigo, de pequeño su carácter me parecía insoportable; pero, tras haber visto la serie de nuevo, no solo se ha convertido en mi personaje preferido del grupo, sino que me parece que es el único miembro del mismo con dos dedos de frente, porque, veamos, ¿quién en su sano juicio iba a querer luchar contra un Demodragón? (nota: no es la versión “demo” de un dragón). Lo lógico sería salir por patas, y eso es precisamente lo que Eric haría. Todos deberíamos admirar su sentido común.
Su escudo, de color naranja chillón y adornado con el emblema de un halcón, puede protegerle a él y a sus amigos de cualquier mal, creando una barrera mágica a su alrededor.
Diana, la Acróbata: La única representante negra del grupo y mi personaje femenino favorito, aunque habida cuenta de la competencia, no es de extrañar (Sheila, como ya he dicho, tiene la personalidad de un boniato y Uni…, bueno, solo es un unicornio). Diana es una joven segura de sí misma, con más cualidades de líder que el propio Hank, y una gimnasta excelente. Uno de los matices que más me gusta de ella es que sufre gerascofobia, esto es, miedo a envejecer y, en consecuencia, a perder sus aptitudes físicas, como se puede ver en el episodio “La búsqueda del esqueleto guerrero”, donde cada uno de los chicos se enfrenta a su mayor temor.
Para sortear obstáculos, Diana se vale de una pértiga mágica que puede alargarse como el bastón mágico de Son Goku al tiempo que se ilumina cual barra inanimada de carbono.
El Amo del Calabozo: Imaginaos a Yoda con melena cana y vestido de rojo, ponedle algo de colorete en sus mejillas, enseñadle a hablar a derechas y sustituid sus consejos Jedi por acertijos indescifrables y ya tendréis al Amo del Calabozo, vuestro “guía en el Reino de los Calabozos y Dragones”.
Dicho esto, el Amo del Calabozo me enerva casi tanto como encontrarme un cartón de leche prácticamente vacío en el frigorífico. El tipo se las da de gentil y virtuoso, pero en realidad no hace más que enseñar la zanahoria al burro y enmarronar a los pobres chavales. Para empezar a mejorar, en lugar de andarse con adivinanzas, tendría que ir directo al grano y no embaucar a los chicos para que anden por ahí “desfaciendo” entuertos. Eric no lo traga y yo tampoco. De hecho, encabeza mi lista de enanos de ficción más insoportables, por encima de los munchkins y los oompa-loompas.
Venger, la Fuerza del Mal: Con un título tan descriptivo, no hace falta decir que Venger no colabora con Amnistía Internacional ni aspira a obtener el Premio Nobel de la Paz. Brujo malvado y conquistador implacable (de la escuela de Atila el Huno, no de la de Casanova), su objetivo más inmediato es despojar a los niños de sus objetos mágicos para así aumentar su propio poder y consolidar su dominio sobre el Reino, donde no le faltan enemigos.
Algunos episodios nos ponen sobre la pista de los orígenes de Venger, revelándonos su condición de ángel caído y una relación más estrecha de lo que parece con el Amo del Calabozo, como veremos con más detalle en otro artículo.
Tiamat: es la deidad de los dragones cromáticos en el juego de tablero, diosa de la oscuridad en los libros de la Dragonlance y rival de Venger en los dibujos animados. ¿Sus puntos en común?: una afición desmedida por las novelas de Agatha Christie y cinco cabezas malhumoradas que escupen, respectivamente, fuego, hielo, rayos, ácido y gas venenoso.
Por alguna razón, Tiamat se la tiene jurada a Venger, y cada vez que estos dos se cruzan se arma la de San Quintín. ¿Mi explicación? El brujo le vendió un utilitario defectuoso. Ahora, cuando Venger se va a dormir, antes mira debajo de la cama para ver si está Tiamat.
Sombra-Espía: Bob (si se os ocurre un nombre mejor, no dudéis en decirlo; acepto sugerencias) es el sirviente más leal de Venger y, junto al corcel negro de su amo, el único que trabaja para él a tiempo completo.
Su principal tarea es espiar a los niños e informar a Venger de sus avances. Como es obvio, Bob suele omitir a qué se dedica cuando asiste a las reuniones de antiguos alumnos de su facultad, y para cuando se le acaban las evasivas, suele estar tan borracho que sus compañeros prefieren no prestarle atención. A veces, Bob desearía haber aceptado ese puesto de ayudante en la biblioteca. Si no fuera por el seguro médico…

Contenidos polémicos

Tras la emisión de 27 episodios, acompañados del merchandising que sigue a toda serie de éxito, incluidos muñecos de goma y tebeos, la CBS canceló “Dragones y Mazmorras” sin que los jóvenes héroes hubieran regresado todavía a casa.
Detrás de esta decisión había razones como la caída en picado de la audiencia, la sensación general de que los últimos episodios empezaban a ser un poco “chof” y la presión de los grupos religiosos y las quejas de las asociaciones de padres. Estas dos últimas circunstancias, sin embargo, habían sido una constante desde los inicios de la emisión y ni siquiera eran nuevas para la franquicia, ya que el famoso juego de tablero creado por Gary Gygax y Dave Arneson había alarmado a muchos meapilas con anterioridad.
Algunos de los episodios más conflictivos fueron el 12, “Los niños perdidos”, y el 20, “El cementerio de dragones”. En el primero, sale una nave espacial con un666 grabado en su cubierta (un diseño obviamente casual, ya que incluso el mismo detalle aparece invertido al otro lado de la nave); y en el segundo, los chavales, hartos de ver sus planes de regreso a casa frustrados una y otra vez, deciden acabar con Venger de una vez por todas, aunque lo importante es que el episodio contiene una lección moral sobre la importancia de hacer lo correcto, que, para el caso, no es matar a nadie.
Sobra decir que las protestas no venían a cuento. ¿Violencia? Algunos de los protagonistas tenían armas, sí; pero las utilizaban para defenderse y salir de los apuros en que se metían, no para causar daño. De haber sido otra la intención de los autores, el Amo del Calabozo hubiera dado a los críos una espada bastarda (crítico: 19–20/×2), un hacha orca de doble filo (crítico: x3) o una BFG 9000. Y los villanos se comportaban como se comportaban porque ese era precisamente su papel. ¿Acaso hubiera sido menos nocivo que, en lugar de esclavizar poblados enteros, Venger hubiera causado pérdidas por 50.000 millones de dólares a sus clientes a través de un fraude piramidal?
Es más, la serie, como muchas otras de la época (“He-Man” es otro buen ejemplo), trataba de inculcar a los niños valores tan importantes como la tolerancia, la honestidad, la bondad, etc., y, cuando los personajes afrontaban algún problema, la solución pacífica y creativa siempre predominaba frente a la estrategia agresiva, aunque ésta pareciera más sencilla.
En definitiva, que la gente se aburre mucho y pierde el tiempo con tonterías. Supongo que ahora tendrán un blog.

Una breve nota sobre el doblaje

Puesto que la serie salió antes en América, cuando TVE compró los derechos de emisión de la serie para emitirla en España, adquirió los episodios ya doblados al español, limitándose únicamente a cambiar el título de la serie, que en Latinoamérica era “Calabozos y Dragones”, y a añadirle la canción de cabecera que habéis oído antes a partir de la segunda temporada.
Sin embargo, la tercera temporada de la serie fue doblada directamente en España, con lo que de un día para otro pasamos de oír unas voces familiares a otras que no sonaban para nada parecidas y que, para el que suscribe, no tenían ningún encanto.

Un final rumoreado

Si alguna vez habéis buscado información sobre esta serie en Internet, es probable que hayáis encontrado algún dibujo picante de Sheila e incluso que ya hayáis leído lo que voy a comentaros ahora, pero no está de más incluirlo aquí.
Según un rumor bastante extendido, en el último episodio de la serie, que por supuesto nadie habrá visto aunque conozca a alguien que sí lo hizo (el ex compañero de habitación del primo del sobrino del hermano de tu padre, por ejemplo), los niños descubren que murieron en el parque de atracciones y que el Reino de Dragones y Mazmorras es, en realidad, ¡el Infierno! (truenos y relámpagos, Igor). Según esta versión de la historia, Venger y el Amo del Calabozo serían el Demonio, que habría creado esa compleja ilusión para torturar las almas inmortales de los chavales; ya sabéis, por aquello de que meterles en una olla hirviente es “tan del siglo pasado”.
Obviamente, este chisme está más que desmentido; pero es interesante ver lo que llega a inventarse la gente y hasta dónde llegan algunas leyendas urbanas



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